D4rkn355: los restos del naufragio

Por Matheus Kar

Cesar
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Editorial X | ISBN 9789929409873| Enlace Sophos

No es ningún secreto que Octavio Paz le dedicara una franja enorme de atención a los textos del subcomandante Marcos. Extravagancia que suscitó no pocos comentarios. Incluso, ante los cuestionamientos de otros escritores, alguna vez el nobel mexicano llegó a responder: «Es que ustedes no se han levantado en armas», como si la literatura no fuera ya de por sí un acto revolucionario. Para Paz era esencial medir tanto las acciones del subcomandante como las palabras de este. En cierta medida, resultaba descabellado hablar de los textos de Marcos sin contemplar la fatal contingencia histórica que había ordenado su redacción. Por otro lado, ¿no será esta una prematura venganza del nobel hacia sus demás compinches, costumbre básica de la cultura mexicana burguesa y elitista?

Si se piensa bien, por ejemplo, a los físicos les interesa menos la biografía de Newton que sus postulados; incluso pueden llegar a prescindir de ella. No es necesario saber la fecha de nacimiento o la vida sexual de Pitágoras para obtener el área o el perímetro de un terreno. Estos detalles, más bien, claro está, son necesarios para la moral, sobre todo la religiosa. Únicamente, al cristianismo le interesa la vida de Cristo para convalidar todo lo que se ha escrito antes y después de él y que se encuentra parapetado en una de las mejores colecciones de literatura fantástica (como diría Borges), cuyo nombre es la Biblia. Redacción, por si fuera poco, anónima. Y, sin embargo, muy leída. Quizá la gente leyera más libros si estos no tuviesen autor.

D4rkn355 es una obra escrita por tantos autores que pareciera no tener ninguno. Si Pound insistía en repetir que la poesía es un arte, un arte que exige mucho trabajo y asiduidad, y además afirmaba que un poeta ignorante de la poesía en lenguas extranjeras está tan mal equipado como un pintor o un músico que solo conoce las obras de su propio país. Entonces, se podría decir que una obra que no es consciente de sus límites o sus fronteras, e incluso de lo que se encuentra fuera de ellas, está tan mal equipada como un pintor que solo conoce los colores primarios. Para Pound, el conocimiento de las lenguas extranjeras era necesario para la comprensión del propio idioma. Por lo que para conocer es necesario desvanecerse: alejarse para ver con mayor amplitud el territorio. De esa forma, D4kn355 llega desde algún punto atemporal del espacio, pre y postreflexivo, envuelto en nubes y rayos, en una espiral, como un testimonio del olvido.

Pese a las recomendaciones de ♣, César Yumán (quien estuvo a cargo de la edición) presenta un catálogo de cuentos en forma novelesca. César, incluso, desaparece de la portada, como premonición o futura justicia poética. El gesto, sin embargo, se integra a una de las variadas lecturas y mapas que se pueden proyectar en la borroneada pizarra de la literatura. Los cuentos, como se explica a lo largo del libro, son una compilación de textos perdedores. Entendiendo la derrota en literatura como la publicación higiénica, sin interferencias, ni mentiras, ni suciedades que dobleguen la decisión del jurado, un producto merecedor de un galardón invisible. Y ese galardón, curiosamente, a falta de mezquinos jueces, lo otorgan el fuego, las polillas y el agua: los únicos justos.

Prácticamente, D4rkn355 es un libro que todos han abandonado. Pero que han abandonado sin salvavidas, quizá de la última orilla de la civilización. El lector, un hombre en los bordes de la cultura, al leer, por azar, estos cuentos condenados, se ve actuando como un detective por las calles de la literatura, por los rascacielos de los géneros, mientras se cuestiona: ¿qué perdemos al ganar, o qué ganamos al perder?

Todos los cuentos, incluso los comentarios que los anteceden, son candidatos al improrrogable olvido. El papel impreso ha generado una de las desventajas más grandes de la literatura: ya nadie memoriza cuentos, la oralidad se va extinguiendo. Si todos los libros de la tierra se quemaran y solo sobreviviera uno, ese libro sería tan importante como La Odisea o La Ilíada para fundar una nueva cultura, una cultura postoccidental. Y si por accidente fuera alguno de estos manuscritos, de escritores ansiosos por desaparecer, tendríamos al próximo Homero. Un Homero ghanés. Un Homero serbio. Incluso uno guatemalteco. Pero, ¿importa mucho, tal y como sostenía Paz, el autor? A ciencia cierta, ¿se podrá conocer a los verdaderos autores de estos cuentos? Si Heródoto, tal y como afirma Alfonso Reyes, llegó a plagiar a sus coetáneos y a poetizar, envidiando el talento épico, algunos pasajes de sus registros, ¿por qué habríamos de confiar en la palabra escrita?

Entre las posibles geografías a descubrir, este es uno de los terrenos escarbados por D4rkn355. La ambientación, las luces, el teatro son tan solo pretextos para presentar una obra que se mofa del tiempo, de los relojes, de la pretensión académica de abarcarlo todo con el biografismo o el historicismo, de algunos fantasiosos poco cultivados y, por si fuera poco, de los clichés paranoides de quienes ven enemigos donde sea. ¿Qué pasará cuando la revolución electrónica D4rkn355 llegue y el tiempo inicie un conteo nuevo? ¿Qué pasará cuando todas las fantasías de grandeza de los escritores se proyecten como una ilusión producida por una necesidad no satisfecha, arbitraria?

La humanidad, prestando la metáfora schopenhaueriana, es como ese pobre individuo aferrado a su balsa de madera en el vasto océano. Cree que puede salvarse. Pero no ha contemplado las olas. Las olas enormes del olvido. D4rkn355, aventurando una definición, es las tablas de esa balsa destrozada, los restos del naufragio anticipado. La cultura que nos reprochamos.

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